Vengo de someterme a un examen médico completo y resulta que
estoy sano. Ya lo intuía, pero igual quería hacérmelo porque, como dice un
amigo, uno debe ir al médico cuando se siente bien y no cuando está enfermo.
Salí divinamente. “Parece de veinte”, me dijeron los
doctores. Parece de veinte es un piropo que se le dice a una persona que está cerca de la vejez, me da la
impresión, así que me sentí acabado aunque todo hubiera salido de maravilla.
Porque estoy sano, pero maldita vida si los médicos se las arreglan para
hallarnos defectos y dejarnos la autoestima por el suelo.
El examen es sin ropa, como para que uno vaya perdiendo la
dignidad así haya pagado una millonada. Luego descubren que uno tiene una serie
de lunares potencialmente cancerosos y le enciman la explicación de que el
cáncer de piel es el más voraz de todos y que cerca del 60% de las personas que
lo sufren, mueren.