Yo quiero que mis problemas sean los del Presidente porque es la única forma de que las cosas funcionen. Cuando lo operaron de la próstata en tiempo récord, se sintió tan mal de que le fuera tan bien en un país donde la salud no funciona que prometió reformas al sistema y hacer de este uno de los mejores países del mundo en la materia.
Una de las pocas cosas que nos une a los colombianos es el odio a Claro por la mala señal de sus celulares, pero el tema pasó de clamor popular a asunto de Estado cuando afectó a Santos, que pidió a su ministro que tomara medidas al respecto. Igual con el paseo millonario: cientos de paseos millonarios se producen cada día, pero tocó que la víctima fuera un agente de la DEA para que la justicia actuara en tiempo récord: ocho capturas en una semana. Muy mal un país que se mueve por los extranjeros y deja morir a los suyos (pasó lo mismo con el robo a los jugadores del Sevilla en Medellín).
Necesitamos entonces que a Santos le roben el celular en la calle a ver si se acaba el raponeo, y que abusen de un menor cercano a él para que solucionen el caso de la niña de doce años a la que torturaron, desmembraron e incineraron en Tunja y que ya va para el año de impunidad.
A mí me serviría que el Presidente tuviera problemas de humedad y obligara a las inmobiliarias del país a cumplir con sus responsabilidades; de golpe la mía haría caso y arreglaría la del techo mi cuarto, que no me deja vivir. Aunque más que eso, apreciaría que Santos se volviera freelancer, a ver si nos da un respiro a los que vivimos de pasar cuentas de cobro.
Parece que la reforma tributaria nos jodió a todos (menos a los ricos). Hay que sacar el nuevo RUT, pero la página de la Dian vive caída, así que toca mamarse una fila tan descomunal que va a salir en la segunda parte de la Biblia; hay que volverse experto en saber si uno es persona natural o jurídica, si pertenece al régimen simplificado o común y si los ingresos del año gravable anterior alcanzaron o no los 4.073 UVT. Certificación bancaria, fotocopia de la cédula (a veces al 150%), formato de proveedores y copia del pago a los aportes sociales que correspondan al ingreso que uno devenga, así un freelance nunca facture lo mismo.
Y si usted es empleado y ya tiene la salud y la pensión cubiertas porque su empleador las paga, no importa, si le sale un trabajito extra hay que volver a cotizar de acuerdo a lo que le hayan pagado. Lo bueno de eso, supongo, es que si uno se enferma lo atienden dos veces en urgencias.
El problema de la burocracia en países subdesarrollados como éste es que casi siempre prima sobre el sentido común: la gente del chance le debe 39 mil millones al sector salud, pero el Gobierno se ensaña con los freelancers que cotizamos dos mínimos, a veces uno cuando hay poco trabajo. Y es triste, porque uno estudió periodismo para no pertenecer al sistema, pero como están las cosas, el romanticismo que da vivir de las palabras se va al carajo a la tercera cuenta de cobro devuelta.
A Esperanza Gómez, estrella del porno mundial, la colombiana que más lejos ha llegado en Hollywood (así le duela a Sofía Vergara), nunca se la han follado como nos están follado a los que vivimos del freelance. Así que mando este artículo, paso la cuenta de cobro respectiva y ahogo mis penas viendo su última película porque la paja, y no el amor, es la respuesta a todo.
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lunes, 19 de agosto de 2013
jueves, 13 de diciembre de 2012
Hacer mercado o ver a Millonarios
Es duro el golpe cuando se sabe que la boleta más cara para
ver a Millonarios en la final del fútbol profesional cuesta $530.000. Duele
aunque uno no sea hincha de Millonarios y lleve seis años sin ir a un estadio
en Colombia.
Ya después se ve bien la noticia y entiende que el precio
para abonados y socios es muchísimo menor, pero igual, que 90 minutos de un
fútbol tan mediocre como el colombiano cueste un salario mínimo mensual (y que
haya gente que lo pague) habla muy mal, no del país y de su fútbol, sino de la
naturaleza humana.
Lo dicho, se lee la noticia de primerazo y salta enseguida
el justiciero de quinta que llevamos dentro, el que pretende cambiar el mundo
sin levantar el jopo del sofá. Primero, ideas llenas de rabia: que ahí están
pintados los cachacos; aprovechados, hampones con buenas maneras, snobs y con
ínfulas. Siempre se han sentido ingleses y ahora deben pensar que Millonarios
es el Chelsea para gastarle esa plata.
lunes, 8 de octubre de 2012
La burbuja colombiana
Tenemos los colombianos un gen maligno que sale a flote a la
primera oportunidad, nos fascina sacar el máximo provecho con el menor
esfuerzo. Así, el país no solo está lleno de crímenes, sino de cosas que,
aunque legales, no están bien hechas.
El precio de la vivienda en Bogotá, por ejemplo. Hace poco
acompañé a un amigo que quiere comprar apartamento y dio con lugares donde el
metro cuadrado costaba ocho millones de pesos. Vivir en la capital está
alcanzando niveles parisinos, y no es eufemismo. Yo mismo fui a alquilar un
apartamento, y la dueña justificaba que el arriendo costara dos millones
mensuales porque tenía un “balcón tipo riviera francesa”. La diferencia era que
en vez de asomarse uno y ver el Mediterráneo, se tragaba el humo de los buses
de la séptima.
Hay que salir a la calle en París para ver que todo funciona
y que los ciudadanos franceses tienen subsidio de salud, educación y desempleo,
por ejemplo. Acá sale uno de un apartamento de mil millones de pesos y no
alcanzan las monedas para dar limosna.
A eso de cobrar por algo más de lo que vale se le llama
burbuja. Ignoro cómo funciona, pero sus efectos son devastadores. A los
españoles les explotó la de ellos y hoy están con un desempleo que llega al 24
por ciento.
Burbuja es que yo haya ido una semana a Sicilia y entre
hotel, desplazamientos y comida me haya gastado menos que en cuatro días en
Cartagena (guardo los recibos). Tengo una amiga que irá a ver a Madonna a Nueva
York, porque hizo cuentas y le sale más barato que verla en Medellín.
El otro día estuve en un almacén de artesanías, y una
mochila indígena costaba 650.000 pesos. ¿Por qué? ¿Quién se queda con toda esa
plata?
Si la repartieran mejor, quizá el lío con los indígenas del
Cauca nunca hubiera estallado. El mismo día de la mochila fui a cine y entre
boletas, crispetas, perro y gaseosa para dos se me fueron 72.0000 pesos. Gracias a Dios
no tengo familia, porque solo podría llevarla a cine tres veces al año.
Mezquinos es lo que somos. Todos los días, uno ve análisis
en la prensa sobre por qué la gasolina es tan cara en Colombia. Porque somos
tan mala clase que lo único que buscamos es joder al prójimo, ¿hay alguna otra
explicación?
Todo el mundo quiere su tajada. Hace poco leí que habían
recortado la duración de los capítulos de Escobar, el patrón del mal para poder
pasar más comerciales.
Burbuja textil: los Zara de Colombia deben ser los más caros
del mundo. Cualquiera que haya viajado a Europa sabe que una prenda de la marca
se puede vender aquí por casi el doble que allá. Burbuja la de los
parqueaderos, donde en vez de cobrar por darle un espacio al carro, parece que
lo hicieran porque lo están educando. Burbuja es también que hayamos salido a
gritar que Falcao García costaba 60 millones de euros después de hacer dos
goles en una final de segundo orden.
Somos avaros, torcidos. Creamos nuestra burbuja por la misma
razón por la que tenemos violencia en el campo e inseguridad en las ciudades:
nos gusta el dinero fácil. En términos comerciales, la diferencia entre un
narco y un hotelero en Cartagena es que al segundo lo ampara la ley.
Y suena a que todo nace en Bogotá y se va extendiendo. Hay
que ver los precios de la finca raíz en Anapoima, Girardot, Honda, Santa Marta.
Salió en la prensa que Bogotá era la cuarta ciudad del continente con la
vivienda más cara, y yo agrego que es también la cloaca más grande del mundo:
vías angostas y deshechas, mal transporte público, paseos millonarios, atracos
en los puentes peatonales, asesinatos por robar un celular, restaurantes
abusivos, educación excluyente, corrupción. La verdad, no entiendo quién
querría pagar ocho millones de pesos por metro cuadrado para vivir en un roto
como este.
Publicada en la edición de septiembre de la Revista Soho. www.soho.com.co
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