Voy a decirlo de una vez porque no me gusta andar con rodeos: estoy cansado de que traten de meterme la verga sin mi permiso. Suena feo, pero tengo tal fama de patán que un vergazo más o un vergazo menos no hace la diferencia.
Para empezar, en este momento tengo cuatro cuentas de cobro embolatadas porque a veces parece que quienes lo contratan a uno con tanta urgencia hicieran después todo lo posible para no pagar. Eso sí, el trabajo que encargan se tiene que entregar puntual o no vuelven a llamar. Vivir del freelance me ha enseñado que uno no se tiene que esforzar en escribir el artículo a satisfacción, sino en lidiar con los procesos de las cuentas de cobro, que bien desgastantes que son. De ahora en adelante voy a trabajar igual a los que me encargan trabajo: entrega de artículos solo lunes de 2 a 5 p.m.
Por otro lado, ando buscando apartamento y no puedo más. Me he concentrado en Rosales, que es lo que me gusta porque soy un arribista, pero todo está carísimo. Dicen lo mismo cada vez que me muestran uno: “un cuarto, sala-comedor, cocina, depósito y garaje. Dos millones, más administración. El apartamento está totalmente remodelado y el edificio tiene un bonito jardín”, como si uno a esta edad estuviera para salir a retozar en un jardín comunal. Y lo dicen con ese acento cachaco todo educado, de gente divinamente de toda la vida, pero cuando le botan a uno el precio lo ofenden porque no hay derecho que en este roto de ciudad se manejen esos precios. Cuando la burbuja explote y nos vayamos todos a la mierda la culpa va a ser de ellos, que se hacen los maricas con la excusa de que “A eso está el mercado”, cuando lo cierto es que el mercado lo hacen ellos mismos.
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jueves, 31 de octubre de 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
A mí me mataron la ilusión
A mí me mataron la ilusión bien chiquito. Nunca me compraron la batería que quería, ni me llevaron a Disneylandia, ni me prestaron el carro de la casa. Suena a poco, pero es porque los adultos solemos minimizar los problemas de los niños. Y no se despiste, porque para un niño, que lo deje el bus del colegio es tan grave como para un adulto perder la casa. Los dos miedos son legítimos porque en ambos casos se siente como si el mundo se cayera.
No haber obtenido durante mi infancia las cosas que deseaba hizo que ahora de adulto sea un resentido que se alegra con la desgracia ajena. Cada vez que usted sufre por bobadas como que su equipo de fútbol perdió una final, yo gozo. Me da más felicidad su amargura que mi propia alegría porque ya estoy muy viejo para empezar a ser feliz.
A mí me rompieron el corazón de niño, y en mi casa, que es lo que más duele. Desde los diez años me despertaba a ver el Tour de Francia y apenas mis piernas pudieron alcanzar los pedales me obsesioné con una bicicleta de carreras. Me inscribía en competencias del colegio pese a tener una bicicleta de cross y, claro, siempre quedaba de último porque no estaba hecha para ser rápida sino para saltar rampas en destapado. Yo esperaba que mi padre se conmoviera con mi situación, que viera mi empeño en volverme en el Luis Herrera costeño y me diera esa bicicleta de carreras; nunca pasó.
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No haber obtenido durante mi infancia las cosas que deseaba hizo que ahora de adulto sea un resentido que se alegra con la desgracia ajena. Cada vez que usted sufre por bobadas como que su equipo de fútbol perdió una final, yo gozo. Me da más felicidad su amargura que mi propia alegría porque ya estoy muy viejo para empezar a ser feliz.
A mí me rompieron el corazón de niño, y en mi casa, que es lo que más duele. Desde los diez años me despertaba a ver el Tour de Francia y apenas mis piernas pudieron alcanzar los pedales me obsesioné con una bicicleta de carreras. Me inscribía en competencias del colegio pese a tener una bicicleta de cross y, claro, siempre quedaba de último porque no estaba hecha para ser rápida sino para saltar rampas en destapado. Yo esperaba que mi padre se conmoviera con mi situación, que viera mi empeño en volverme en el Luis Herrera costeño y me diera esa bicicleta de carreras; nunca pasó.
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jueves, 25 de julio de 2013
La bicicleta de la victoria
Nairo Quintana no me representa. A usted tampoco. Yo soy costeño, vivo en Bogotá, soy tronco para la bicicleta, no me gusta andar por carretera destapada y las únicas veces que he ido a Boyacá es para emborracharme en Villa de Leyva. Nos une una nacionalidad aunque ya sepamos que, al igual que Dios, los países no existen. Los colombianos nos burlamos de los boyacenses, de sus cachetes rojos, de su inclinación a tomar trago en exceso y sus malas borracheras, de lo fea y aburrida que es Tunja, ¿y ahora resulta que Nairo es nuestro orgullo nacional?
¿Qué tiene que ver, por ejemplo, el ex Canciller Fernández de Soto, usted, yo, un chocoano, un tipo que protesta en el Catatumbo y Quintana? ¿Qué aportó usted para que Quintana llegara a donde está hoy? Nada, y aún así queremos montarnos en el bus de la victoria; la bicicleta de la victoria.
Poco después de que Quintana quedara de segundo en el Tour leí esto: “El hijo de Combita que llevó a Colombia al segundo lugar del Tour de Francia”. Para empezar, Quintana no llevó a nadie, en esa bicicleta no cabemos todos. Llegó allá gracias a un puñado de gente que lo ayudó., pero estoy seguro de que ni usted ni yo estamos en esa bolsa. Después del subcampeonato, alguien me dijo que Quintana se representaba a él mismo, a su familia y sus patrocinadores, a su esfuerzo. Nosotros vamos colgados atrás, como un lastre. Y encima de todo hay quien le dice ‘Naironman’. Hay que ser muy irrespetuoso en esta vida.
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¿Qué tiene que ver, por ejemplo, el ex Canciller Fernández de Soto, usted, yo, un chocoano, un tipo que protesta en el Catatumbo y Quintana? ¿Qué aportó usted para que Quintana llegara a donde está hoy? Nada, y aún así queremos montarnos en el bus de la victoria; la bicicleta de la victoria.
Poco después de que Quintana quedara de segundo en el Tour leí esto: “El hijo de Combita que llevó a Colombia al segundo lugar del Tour de Francia”. Para empezar, Quintana no llevó a nadie, en esa bicicleta no cabemos todos. Llegó allá gracias a un puñado de gente que lo ayudó., pero estoy seguro de que ni usted ni yo estamos en esa bolsa. Después del subcampeonato, alguien me dijo que Quintana se representaba a él mismo, a su familia y sus patrocinadores, a su esfuerzo. Nosotros vamos colgados atrás, como un lastre. Y encima de todo hay quien le dice ‘Naironman’. Hay que ser muy irrespetuoso en esta vida.
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