Yo no entiendo nada del Medio Oriente, y eso que vengo de allá. El otro día comí con una amiga y su novio, nacido en Irán. Todo iba bien hasta que dije que él era árabe. Su expresión cambió y pasó de la jovialidad a la rabia. Conteniéndola, me dijo que no le volviera a llamar así, que él era persa. Yo traté de explicarle que en los noticieros no hacían la diferencia y que a toda persona que venga de un país desértico con algo de petróleo entre Marruecos y Afganistán la llaman así. Hasta hice la comparación con nosotros, que nos llaman ‘Latinos’ así hayamos nacido en Puerto Rico o Argentina, pero fue inútil, había arruinado la velada.
Pues eso, que no entendemos nada del Medio Oriente aunque los noticieros estén llenos de noticias de allá. Todos los días sale información del conflicto Árabe-Israelí y no sabemos diferenciar Cisjordania de la Franja de Gaza. Bashar al-Asad, Al Qaeda, Mahmud Ahmadineyad, Chiitas y Sunitas; oímos de ellos a diario pero como por chulear la obligación de estar informados, que viene siendo como casarse sin estar enamorado. Estar informado no tiene nada que ver con entender el mundo.
Pero es que si no sabemos que pasa con Petro y desconocemos el porcentaje real de intención de voto por Peñalosa, que son asuntos que tenemos en la jeta, menos vamos a comprender qué ocurre más allá del canal del Suez. En Siria mataron a seis mil personas en un solo mes y ya van 140.000 desde que empezó la guerra civil. Los medios nos martillan la cabeza con eso y seguimos perdidos. Murieron tres personas en el atentado de la Maratón de Boston y #PrayforBoston se volvió viral, mientas que en Medio Oriente llevan décadas de carnicería y ni un hashtag le hemos sacado. No digo que no haya sido un episodio duro, pero pareciera que no miramos las cosas en perspectiva. ¿Cómo funciona la moneda de cambio racial? ¿Cuántos árabes equivalen a un norteamericano? ¿A cómo esta el cambio de indios por ingleses hoy?
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jueves, 27 de marzo de 2014
jueves, 5 de julio de 2012
España
Yo
supe qué era España 25 años antes de conocerla, gracias a los curas del colegio
donde estudié. Bernardo, Viloria y Vidal eran como la santísima trinidad. Crecí
viendo la vida a través de ellos.
Vidal,
el de primaria, vestía de camisas azules o blancas de manga corta, olía a
perfume y nos pegaba por lo que fuera: llegar tarde, sudar en recreo,
pelearnos. Era impredecible. Podía estar de buen humor y transformarse al
minuto siguiente. Nos ordenada que sostuviéramos las manos sen el aire con las
palmas mirando hacía el suelo y las golpeaba tan duro que las dejaba rojas. Nos
daba con furia, como si se estuviera vengando de algo malo ocurrido en su niñez
en la Madre Patria.
Por
cuenta de eso empecé a odiar a España, a desagradarme más de lo que me gustaba.
Ocurrió igual cuando la conocí. Gran país al que espero volver siempre, pero no
dejo de sentir dolor por la Conquista, la Colonia, la Inquisición y los golpes
de Vidal, que seguro se está quemando en el Infierno junto a otros sacerdotes
como él.
Lea el artículo completo en http://bit.ly/NaUdBw
miércoles, 17 de agosto de 2011
La sociedad civil
Nunca antes había sido tan peligroso ser civil como ahora. Yo, que me la paso con nostalgia del pasado, hubiera querido vivir en la Edad Media pese a que la gente andaba armadura, moría de catarro y era quemada por hereje.
Ser judío siempre ha tenido sus riesgos. Ser negro, homosexual, discapacitado o ateo puede también traer contratiempos en algún momento de la vida, pero lo que preocupa es lo peligroso que resulta ahora ser civil en términos generales. Usted va a la universidad a estudiar ingeniería, derecho, medicina, pero nadie lo prepara para ser un ciudadano común y corriente, sin ínfulas de grandeza, privilegios sociales, condecoraciones militares ni armas en la mesa de noche.
En Siria, más de dos mil civiles han muerto desde que empezaron los disturbios contra el gobierno. Suena a mucho pero importa poco porque se trata de Siria, que es Medio Oriente, lejos y complicado. Nadie quiere ir a Siria.
La gente, en cambio, quiere ir a Londres, a Madrid, pero se asusta cuando ve que Inglaterra y España se han convertido en pequeñas Sirias.
El primer ministro británico estudia la posibilidad de restringir el uso de redes sociales después de que disturbios en su país dejaran cinco muertos y 1600 detenidos. Imagine usted, que no acepta que su jefe le diga que pase menos tiempo en Twitter, recibiendo órdenes del director de la policía al respecto.
En España, donde tienen un desempleo del 20%, millones de personas sin más vínculo que estar cansados salen a la calle a protestar, al tiempo que a alguien se le ocurre que es buena idea gastar 50 millones de euros en la visita del Papa, representante en la tierra de un dios que no sabemos si existe.
Abro el periódico y la noticia de la página izquierda dice que están instalando transmisores satelitales a las tortugas para estudiar su comportamiento. En la de la derecha, una nota dice que al hambre en Somalia hay que sumarle un repentino ataque de cólera. Concluyo entonces que por estos días es mejor ser animal que humano, y que lo único peor que ser civil es ser civil en Somalia.
Seres humanos son atacados por todas partes, no tenemos quién nos defienda. Nos atacan los gobiernos que deberían protegernos, pero también los vendedores de planes de Movistar, las EPS y el departamento de cartera de MasterCard.
En los estadios del mundial sub 20, una arepa cuesta cuatro mil pesos y un sánduche viejo, 9 mil. Tiburones se comen a turistas en las Islas Seychelles, un chimpancé le arranca la cara y las manos a una mujer, mientras que a otra le echan ácido y le desfiguran el rostro. No hay manera de reaccionar ante tanto ataque, esto ya es sálvese quien pueda.
El papá de una amiga es capitán de barco mercante y dice que leyes internacionales obligan a echar al mar a cualquier polizonte que encuentren, sin importar si el buque se encuentra en la mitad del Atlántico. Enlaza uno todo y entiende a los piratas somalíes. Atacados por el hambre y el cólera, se buscan la vida en altamar pero van armados para que no los echen a los tiburones.
Y aunque hay mucho de miseria en un somalí con hambre cargando una ametralladora más grande que él, pero bastante glamour en las películas de Jack Sparrow, ambos vienen siendo piratas. Aún así, en este mundo de porquería da más prestigio ser inglés y bandido que negro y pobre. A las películas sobre los primeros, al menos, las nominan al Oscar.
Ser judío siempre ha tenido sus riesgos. Ser negro, homosexual, discapacitado o ateo puede también traer contratiempos en algún momento de la vida, pero lo que preocupa es lo peligroso que resulta ahora ser civil en términos generales. Usted va a la universidad a estudiar ingeniería, derecho, medicina, pero nadie lo prepara para ser un ciudadano común y corriente, sin ínfulas de grandeza, privilegios sociales, condecoraciones militares ni armas en la mesa de noche.
En Siria, más de dos mil civiles han muerto desde que empezaron los disturbios contra el gobierno. Suena a mucho pero importa poco porque se trata de Siria, que es Medio Oriente, lejos y complicado. Nadie quiere ir a Siria.
La gente, en cambio, quiere ir a Londres, a Madrid, pero se asusta cuando ve que Inglaterra y España se han convertido en pequeñas Sirias.
El primer ministro británico estudia la posibilidad de restringir el uso de redes sociales después de que disturbios en su país dejaran cinco muertos y 1600 detenidos. Imagine usted, que no acepta que su jefe le diga que pase menos tiempo en Twitter, recibiendo órdenes del director de la policía al respecto.
En España, donde tienen un desempleo del 20%, millones de personas sin más vínculo que estar cansados salen a la calle a protestar, al tiempo que a alguien se le ocurre que es buena idea gastar 50 millones de euros en la visita del Papa, representante en la tierra de un dios que no sabemos si existe.
Abro el periódico y la noticia de la página izquierda dice que están instalando transmisores satelitales a las tortugas para estudiar su comportamiento. En la de la derecha, una nota dice que al hambre en Somalia hay que sumarle un repentino ataque de cólera. Concluyo entonces que por estos días es mejor ser animal que humano, y que lo único peor que ser civil es ser civil en Somalia.
Seres humanos son atacados por todas partes, no tenemos quién nos defienda. Nos atacan los gobiernos que deberían protegernos, pero también los vendedores de planes de Movistar, las EPS y el departamento de cartera de MasterCard.
En los estadios del mundial sub 20, una arepa cuesta cuatro mil pesos y un sánduche viejo, 9 mil. Tiburones se comen a turistas en las Islas Seychelles, un chimpancé le arranca la cara y las manos a una mujer, mientras que a otra le echan ácido y le desfiguran el rostro. No hay manera de reaccionar ante tanto ataque, esto ya es sálvese quien pueda.
El papá de una amiga es capitán de barco mercante y dice que leyes internacionales obligan a echar al mar a cualquier polizonte que encuentren, sin importar si el buque se encuentra en la mitad del Atlántico. Enlaza uno todo y entiende a los piratas somalíes. Atacados por el hambre y el cólera, se buscan la vida en altamar pero van armados para que no los echen a los tiburones.
Y aunque hay mucho de miseria en un somalí con hambre cargando una ametralladora más grande que él, pero bastante glamour en las películas de Jack Sparrow, ambos vienen siendo piratas. Aún así, en este mundo de porquería da más prestigio ser inglés y bandido que negro y pobre. A las películas sobre los primeros, al menos, las nominan al Oscar.
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