En el diccionario ilustrado del fútbol, junto a la palabra ‘Leyenda’ sale una foto de Velibor Milutinovic, que es el señor canoso, de gafas, saco lila y bufanda gris que ve usted rodeado de gente. El Serbio nació hace 69 años en la antigua Yugoslavia y el mundo lo conoce por haber dirigido a cinco selecciones diferentes durante cinco mundiales consecutivos. Con México en el 86, Costa Rica en el 90, Estados Unidos en 94 y Nigeria en el 98 superó al menos la primera fase. Luego con China en el 2002 se quedó en la ronda de grupos, pero en aquel país es recordado por haber logrado la hazaña de clasificarlos a un mundial, cosa que no habían logrado antes y que no han vuelto a conseguir desde entonces.
Anda en el mundial Milutinovic, porque el mundial es lo suyo. Es tan conocido y tan querido que el mundo entero le llama ‘Bora’. Uno le dice “Bora” para llamarlo y el tipo voltea de inmediato, siempre con una sonrisa. A donde llega es rodeado de hinchas, periodistas y colegas, y él los atiende a todos. El otro día estuvo hora y media en la sala de prensa del Maracaná sin poder pasar de la puerta porque se le fueron encima nigerianos, chinos, indios, paquistaníes, españoles, latinos, dos tipos de la FIFA, todos a saludarlo, y él los atendió a todos sin perder la compostura.
Es tan amable Bora que yo me le acerqué a decirle en tono de chiste que no lo dejaban entrar y él me respondió que no había problema. Incluso me dio la mano sin yo extendérsela. Luego pensé que con razón ha dirigido a tantos equipos, si no le dice que no a nadie. De hecho, luego de China estuvo al frente de Honduras, Jamaica e Irak, y hoy trabaja como embajador del mundial de Qatar 2022. Milutinovic encarna en su ser la ONU del fútbol, raro que no haya pasado por Colombia.
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jueves, 10 de julio de 2014
lunes, 7 de julio de 2014
Un árbitro y dos mentiras
Yo no sé si el árbitro del Brasil – Colombia estaba comprado, lo que sí sé es que el equipo de Pekerman no perdió por culpa de él. Durante el partido, y después también, hubo avalancha de comentarios contra el español Carlos Velasco por su desempeño, casi todos acusándolo de la eliminación de Colombia en cuartos de final.
Para empezar, el fútbol es una actividad corrupta y se sabe, así como también se sabe que a Brasil lo iban a meter a semifinales como fuera, así que no hay por qué sorprenderse. Indignarse, de golpe, pero cero sorpresas. Y está lo otro, y es que Velasco pitó mal para ambos lados. Si perjudicó a Colombia, lo hizo tan bien, o tan mal, que ni se notó.
Si Brasil compró al árbitro, le pegaron una tumbada de antología: le pitaron un penalti en contra, le sacaron amarilla a su capitán (que por esa tarjeta no podrá estar en la semifinal contra Alemania), y al tipo que sacó de la copa a su principal figura no le pusieron ni amarilla. En el primer tiempo, antes de la entrada a Neymar, Zúñiga le dio una patada en la rodilla a Hulk por la que tampoco fue amonestado. De haber estado ladeado Velasco, Colombia habría terminado el partido con diez jugadores.
Y no creo que la intención de Zúñiga fuera lesionar a Neymar como lo hizo, pero tampoco fue un accidente ni un choque fortuito. Uno no le entra de espaldas a alguien con la rodilla arriba porque sí.
Pero bueno, el punto es que estamos acostumbrados a culpar a los demás de nuestras desgracias. Las cosas malas que nos ocurren son siempre por terceros, nunca por nosotros, pobres víctimas. Por eso es más fácil decir que Colombia no está en semifinales por el árbitro y no porque fue inferior al compromiso. Porque eso fue, Colombia no se creyó el cuento de que estaba ante la oportunidad histórica de eliminar en su casa al pentacampeón del mundo. Tocados en su orgullo después del susto contra Chile, los brasileños entraron a arrollar y se encontraron con un gol rápido que fue todo culpa de Colombia: en el primer palo había cuatro colombianos marcando a dos brasileños, Ospina dejó pasear el balón en el área chica y, en el segundo poste, Thiago Silva le madrugó a Sánchez.
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Para empezar, el fútbol es una actividad corrupta y se sabe, así como también se sabe que a Brasil lo iban a meter a semifinales como fuera, así que no hay por qué sorprenderse. Indignarse, de golpe, pero cero sorpresas. Y está lo otro, y es que Velasco pitó mal para ambos lados. Si perjudicó a Colombia, lo hizo tan bien, o tan mal, que ni se notó.
Si Brasil compró al árbitro, le pegaron una tumbada de antología: le pitaron un penalti en contra, le sacaron amarilla a su capitán (que por esa tarjeta no podrá estar en la semifinal contra Alemania), y al tipo que sacó de la copa a su principal figura no le pusieron ni amarilla. En el primer tiempo, antes de la entrada a Neymar, Zúñiga le dio una patada en la rodilla a Hulk por la que tampoco fue amonestado. De haber estado ladeado Velasco, Colombia habría terminado el partido con diez jugadores.
Y no creo que la intención de Zúñiga fuera lesionar a Neymar como lo hizo, pero tampoco fue un accidente ni un choque fortuito. Uno no le entra de espaldas a alguien con la rodilla arriba porque sí.
Pero bueno, el punto es que estamos acostumbrados a culpar a los demás de nuestras desgracias. Las cosas malas que nos ocurren son siempre por terceros, nunca por nosotros, pobres víctimas. Por eso es más fácil decir que Colombia no está en semifinales por el árbitro y no porque fue inferior al compromiso. Porque eso fue, Colombia no se creyó el cuento de que estaba ante la oportunidad histórica de eliminar en su casa al pentacampeón del mundo. Tocados en su orgullo después del susto contra Chile, los brasileños entraron a arrollar y se encontraron con un gol rápido que fue todo culpa de Colombia: en el primer palo había cuatro colombianos marcando a dos brasileños, Ospina dejó pasear el balón en el área chica y, en el segundo poste, Thiago Silva le madrugó a Sánchez.
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viernes, 4 de julio de 2014
No vengan a Brasil
No vengan a Brasil, de corazón. No se dejen descrestar por la foto de apertura, que aunque bonita, lo cierto este país no tiene nada que ofrecer. Todo lo que acá se pueda encontrar (playas, gente, naturaleza, fiesta, hoteles de lujo), existe también en cualquier otro lugar del mundo, pero a mitad de precio. Porque este país es ridículamente caro. Y no solo a mitad de precio, sino limpio y seguro, porque este país, en especial Río de Janeiro, también es ridículamente inseguro y huele a orines.
Con lo que me costó el pasaje a Río me iba dos veces a Europa, y con lo que pagamos por cinco semanas de apartamento se puede adquirir un carro. Acá, salir a comer a la calle es como ir todos los días a un restaurante de los hermanos Rausch y las cosas son terriblemente lentas, nada anda. Hay filas en todas las cajas de Río de Janeiro porque acá hasta pagar unos chicles es un trámite burocrático. No hay caja de droguería, supermercado, almacén o restaurante que no esté congestionada el día entero. Y el embotellamiento también se ve en las calles. La movilidad es peor que la de Bogotá aunque, hay que decirlo, no se ve una sola calle rota.
No vengan a Brasil, de verdad, que acá hay peores ladrones que en Colombia. El restaurante al que siempre iba a almorzar subió los precios durante la segunda semana del mundial. Pedí hablar con el dueño al respecto y me dijo que lo había hecho porque había más demanda que de costumbre. Es una ley de la economía que cualquiera aplica, pero no deja ser ofensivo que se la hagan a uno en la cara. Brasil es un lugar con 200 millones de costeños, y eso es insufrible. Yo me aguanto Barranquilla porque allí nací y son solo dos millones.
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Con lo que me costó el pasaje a Río me iba dos veces a Europa, y con lo que pagamos por cinco semanas de apartamento se puede adquirir un carro. Acá, salir a comer a la calle es como ir todos los días a un restaurante de los hermanos Rausch y las cosas son terriblemente lentas, nada anda. Hay filas en todas las cajas de Río de Janeiro porque acá hasta pagar unos chicles es un trámite burocrático. No hay caja de droguería, supermercado, almacén o restaurante que no esté congestionada el día entero. Y el embotellamiento también se ve en las calles. La movilidad es peor que la de Bogotá aunque, hay que decirlo, no se ve una sola calle rota.
No vengan a Brasil, de verdad, que acá hay peores ladrones que en Colombia. El restaurante al que siempre iba a almorzar subió los precios durante la segunda semana del mundial. Pedí hablar con el dueño al respecto y me dijo que lo había hecho porque había más demanda que de costumbre. Es una ley de la economía que cualquiera aplica, pero no deja ser ofensivo que se la hagan a uno en la cara. Brasil es un lugar con 200 millones de costeños, y eso es insufrible. Yo me aguanto Barranquilla porque allí nací y son solo dos millones.
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martes, 1 de julio de 2014
El rector del colegio
La sanción a Suárez por el mordisco a Chiellini es exagerada, populista, e incoherente. Exagerada porque darle nueve fechas es dejarlo sin mundial y un poco más. Populista porque qué es eso de cuatro meses sin poder entrar a ningún estadio del mundo y la obligación de abandonar Brasil, como si fuera un delincuente internacional y no una persona enferma que además de un castigo necesita ayuda sicológica. E incoherente porque no se entiende la política ni los estándares morales de este deporte.
En un torneo lleno de cochinadas, Luis Suárez es una especie de Lee Harvey Oswald, el pendejo que hay que colgar y exhibir para mandar un mensaje. Dijeron que su conducta era intolerable (y lo fue) y que era preocupante el impacto de las imágenes de Suárez mordiendo a un rival en los hinchas en todo el mundo, incluidos los niños. Supongo a la gente del fútbol le importa mucho las repercusiones que una agresión física pueda tener en las futuras generaciones, pero le tiene sin cuidado que las autoridades brasileñas hayan desalojado a la fuerza a 600 familias de la favela Metrô-Mangueira, vecina del Maracaná.
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En un torneo lleno de cochinadas, Luis Suárez es una especie de Lee Harvey Oswald, el pendejo que hay que colgar y exhibir para mandar un mensaje. Dijeron que su conducta era intolerable (y lo fue) y que era preocupante el impacto de las imágenes de Suárez mordiendo a un rival en los hinchas en todo el mundo, incluidos los niños. Supongo a la gente del fútbol le importa mucho las repercusiones que una agresión física pueda tener en las futuras generaciones, pero le tiene sin cuidado que las autoridades brasileñas hayan desalojado a la fuerza a 600 familias de la favela Metrô-Mangueira, vecina del Maracaná.
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viernes, 27 de junio de 2014
Teníamos tan poco
Teníamos tan poco que esta es la mejor actuación de Colombia en un mundial.
Teníamos tan poco que tocó que llegara un extranjero a ponerle orden a esto. Porque muy James y muy Cuadrado y my récord de Mondragón, el mayor responsable. Sin él, ni al mundial habrían ido.
Teníamos tan poco que el día que Colombia le ganó a Costa de Marfil se convirtió en la mejor selección de toda la historia de este país. Bastaron dos juegos para romper todos los récords.
Teníamos tan poco que antes de ese día en Brasilia, nunca antes había ganado dos partidos en un mismo mundial.
Teníamos tan poco que Valderrama dijo luego de la victoria contra Costa de Marfil que este equipo no era mejor que el que él condujo en los 90, porque el suyo había ido a tres mundiales y clasificado en octavos de final una vez. Estaba equivocado, porque su Colombia nunca ganó su grupo, ni siquiera quedó segunda. En Italia 90 clasificó como mejor tercero, mientras que en 94 y 98 el tercer lugar en el bolsillo, se quedó en primera fase.
miércoles, 25 de junio de 2014
El inquilinato
Dos tipos de periodistas vienen a cubrir el mundial, dos estratos: el seis y el Sisbén. Al primer grupo pertenecen los de televisión, principalmente. Vienen en combo, grupos numerosos de técnicos, camarógrafos, asistentes, presentadores, narradores y comentaristas. Sus empresas les dan los tiquetes aéreos, viáticos, carros, les alquilan buenos apartamentos o los hospedan en hoteles de cuatro estrellas para arriba. Las cadenas de televisión son las que más facturan por publicidad y además tienen los derechos de transmisión, por eso se dan el lujo de traer un ejército. Univisión, por ejemplo, llegó a Brasil con 300 personas.
Luego estamos los que escribimos, que venimos al mundial y vemos los partidos desde el estadio igual, pero no nos sobran los lujos. No es que nos estemos muriendo de hambre, pero lo que no hacemos por nosotros mismos no nos lo hace nadie. Al mundial asistimos por gomosos y porque el director del medio nos sigue la cuerda, pero salvo excepciones (El Tiempo), toca rebuscársela para aguantar el mes entero.
Nos hospedamos en apartamentos modestos, nos medimos en los gastos, no vamos a restaurantes de lujo y andamos con un morral a toda hora. Porque eso sí, viajero de combate que se respete anda siempre con un morral, una especie de kit portátil por si se presenta cualquier emergencia. Repito, no nos estamos muriendo de hambre, pero si nos podemos ahorrar un real por este lado y dos por el otro, regio.
En mi caso, por ejemplo, estamos diez en un apartamento para seis. Es como un inquilinato: tres cuartos, dos baños, aunque en realidad es uno, porque el segundo es de emergencia. Es estrecho, queda al lado de la cocina y tiene la ducha encima del inodoro. Pagamos por un mes de arriendo lo que costaría en Bogotá un apartamento estrato seis, y dormimos de a tres en cuartos hechos para dos. Al principio de nuestra estadía, había que cerrar la entrada de gas de la estufa para que saliera agua caliente en la ducha, pero al tercer día el calentador sacó la mano. Llamamos a la dueña para que lo arreglará, pero no volvió a contestar el teléfono, así que ya nos resignamos y nos estamos bañando con agua fría.
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Luego estamos los que escribimos, que venimos al mundial y vemos los partidos desde el estadio igual, pero no nos sobran los lujos. No es que nos estemos muriendo de hambre, pero lo que no hacemos por nosotros mismos no nos lo hace nadie. Al mundial asistimos por gomosos y porque el director del medio nos sigue la cuerda, pero salvo excepciones (El Tiempo), toca rebuscársela para aguantar el mes entero.
Nos hospedamos en apartamentos modestos, nos medimos en los gastos, no vamos a restaurantes de lujo y andamos con un morral a toda hora. Porque eso sí, viajero de combate que se respete anda siempre con un morral, una especie de kit portátil por si se presenta cualquier emergencia. Repito, no nos estamos muriendo de hambre, pero si nos podemos ahorrar un real por este lado y dos por el otro, regio.
En mi caso, por ejemplo, estamos diez en un apartamento para seis. Es como un inquilinato: tres cuartos, dos baños, aunque en realidad es uno, porque el segundo es de emergencia. Es estrecho, queda al lado de la cocina y tiene la ducha encima del inodoro. Pagamos por un mes de arriendo lo que costaría en Bogotá un apartamento estrato seis, y dormimos de a tres en cuartos hechos para dos. Al principio de nuestra estadía, había que cerrar la entrada de gas de la estufa para que saliera agua caliente en la ducha, pero al tercer día el calentador sacó la mano. Llamamos a la dueña para que lo arreglará, pero no volvió a contestar el teléfono, así que ya nos resignamos y nos estamos bañando con agua fría.
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jueves, 19 de junio de 2014
Tu arquero es malo
A Gustavo Poyet me lo crucé el otro día en la sala de prensa. No lo abordé de inmediato porque estaba hablando por celular, así que esperé 15 minutos a que colgara, como quien no quiere la cosa, para que no se me fuera a ir.
Pasado el tiempo me le acerqué y le dije “Gustavo”, como si lo conociera. Él volteó, me presenté, y empezamos a hablar. Por si no sabe, Poyet es el actual entrenador del Sunderland de Inglaterra. Yo lo admiro por el jugador que fue, pero también porque en esta temporada que acaba de terminar evitó el descenso cuando tenía todo para irse a la B. Llevaba las de perder porque su equipo acumulaba cinco derrotas consecutivas y en las últimas fechas tenía que enfrentarse a Manchester United, Manchester City y Chelsea, todos como visitante. Y pasó lo increíble: no perdió. Le ganó al United y el Chelsea y empató contra el City. Al final, su hazaña mandó a segunda división al Norwich.
En Europa, Poyet jugó en el Real Zaragoza, Chelsea y Tottenham Hotspur, y con los dos primeros ganó la Recopa de Europa. Poyet estaba emocionado, tanto como yo, porque era su primer mundial. Increíble que un jugador como él nunca hubiera disputado uno, pero así son las cosas. Cuando estaba activo, su país, Uruguay, tuvo un bache de 12 años sin mundiales. En 1990 aún no alcanzaba su pico máximo de rendimiento, y para 2002 ya contaba con 35 años.
jueves, 12 de junio de 2014
Las notas de color
Ya no basta con analizar el 4-4-2 con líbero alternado y volante trescuartista, como hace el profe Vélez en radio y televisión. Ahora, desde hace rato en realidad, a los periodistas nos piden que hagamos ‘notas de color’ cuando venimos a un evento como el mundial de fútbol.
‘Notas de color’, qué nombre tan marica para una actividad que consiste en hacerles preguntas idiotas a personajes aún más idiotas. Como yo no soy Carlos Antonio Vélez ni Javier Hernández Bonnett, que viven de analizar partidos y dárselas de que saben más que el técnico (pero suéltenles un equipo para que vean cómo lo mandan a la B en un semestre), la gente espera que yo haga unas notas de color con cuanto fanático me encuentre, y yo me niego, porque el que queda en ridículo no es solo el entrevistado, sino el reportero que se puso a hacer la nota. Para hacer notas de color, supongo, acá está también Jota Mario Valencia, a quien ayer me encontré en el IBC, el centro de medios del torneo. Él y yo estamos en las mismas: diciendo desde acá las bobadas que podríamos decir en Bogotá.
Precisamente ayer, 12 horas después de haber aterrizado en Río de Janeiro, me encontré con Jorge Alfredo Vargas, a quien ve uno muy formal de traje y corbata presentando noticias como para que esté en la playa de Copacabana haciendo preguntas a los transeúntes.
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‘Notas de color’, qué nombre tan marica para una actividad que consiste en hacerles preguntas idiotas a personajes aún más idiotas. Como yo no soy Carlos Antonio Vélez ni Javier Hernández Bonnett, que viven de analizar partidos y dárselas de que saben más que el técnico (pero suéltenles un equipo para que vean cómo lo mandan a la B en un semestre), la gente espera que yo haga unas notas de color con cuanto fanático me encuentre, y yo me niego, porque el que queda en ridículo no es solo el entrevistado, sino el reportero que se puso a hacer la nota. Para hacer notas de color, supongo, acá está también Jota Mario Valencia, a quien ayer me encontré en el IBC, el centro de medios del torneo. Él y yo estamos en las mismas: diciendo desde acá las bobadas que podríamos decir en Bogotá.
Precisamente ayer, 12 horas después de haber aterrizado en Río de Janeiro, me encontré con Jorge Alfredo Vargas, a quien ve uno muy formal de traje y corbata presentando noticias como para que esté en la playa de Copacabana haciendo preguntas a los transeúntes.
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jueves, 5 de junio de 2014
Me caso
Mientras escribo estas líneas, una mujer está cogiendo un avión en China para venir a casarse conmigo. Qué bello, pero qué responsabilidad también. Y aunque ya no hay vuelta atrás y la decisión fue anunciada hace meses, de mi hermana para abajo aún hay gente que no me cree (la mitad porque no me conoce, la otra mitad porque me conoce muy bien). Para que me entiendan, y porque se lo prometí a la que viene en el avión, va este listado. Sabrán perdonar lo cursi.
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