“¿Quién sería el retrasado de lo del balde de agua?”, me preguntó una amiga la semana pasada. Se refería al ‘Ice bucket challenge’, por supuesto, algo que se volvió sensación en redes sociales en cuestión de horas, lo cual no tiene mérito alguno porque hoy cualquier cosa es furor en internet por nada.
Un día el ‘Ice bucket challenge’ no existía y al siguiente estaba entre nosotros para quedarse. Igual ocurre con muchas de las cosas malas que tiene el mundo, como el Ébola, una enfermedad de la que no sabíamos nada y que cuando oímos de ella por primera vez ya se había cargado a miles de personas. Lo de la cubeta lo empezó a practicar la gente sin saber bien su mecánica, solo porque unos famosos comenzaron a hacerlo. Yo al primero que vi fue a Cristiano Ronaldo, y como ese señor es un tremendo jugador de fútbol pero también un imbécil muy grande, se me hizo una huevonada.
Luego, leyendo sobre el tema, descubrí que eso de echarse un baldado de agua fría encima se lo inventaron para recolectar dinero para la gente que sufre de una enfermedad degenerativa llamada Esclerosis Lateral Amiotrófica. Y buscando un poco más di con que Corey Griffin, uno de sus impulsores, murió ahogado tras lanzarse a un lago poco después de que la campaña iniciara. Al momento de su muerte se habían recolectado 100.000 dólares, hoy el chiste va ya en 50 millones.
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jueves, 28 de agosto de 2014
lunes, 25 de agosto de 2014
El dinero plástico
Yo quiero que alguien me explique por qué es más práctico usar tarjeta que efectivo para pagar las cosas, porque la verdad es que no lo entiendo. Es claro que uno no compra una casa con fajos de billetes, pero es que no hablo de eso, sino de la manía de usar dinero plástico hasta para la transacción más insignificante.
Me parecen desconsideradas las personas que pagan el mercado con la débito porque son unas flojas que no piensan en los demás: en lugar de hacer fila en el cajero para retirar efectivo y luego hacer la fila en el supermercado, hacen solo la segunda y retrasan al resto del mundo. Porque el sistema financiero y los usuarios pueden decir misa, pero pagar con tarjeta complica las cosas en vez de simplificarlas.
Tengo analizada la fila del supermercado al que voy, y las personas que pagan con tarjeta detienen todo. Acá en Colombia la línea suele irse cada tanto, lo que hace que todo se demore. Y así funcione, mientras que pasan la tarjeta, meten la clave, le imprimen el recibo, lo firman, lo devuelven y reciben lo factura pasan millones de años. Por lo general, las que más se toman su tiempo en ese tipo de transacciones son las señoras ricas que cargan más dinero plástico del que pueden gastar y hacen mercado un martes a las 10 de la mañana porque no tienen nada más que hacer en esta vida. Y si no están ellas, nunca falta el que paga una gaseosa y un brownie con la débito, todo un escupitajo a la cara.
En teoría es más seguro y limpio usar dinero plástico, yo digo que son bobadas, como si cargar con unos billetes y un puñado de monedas fuera lo más engorroso del mundo. “El efectivo es sucio porque ha pasado por muchas manos”, suelen decir, como si las transacciones bancarias virtuales estuvieran exentas de porquerías morales, que son peores.
También argumentan que por usar las tarjetas devuelven no se cuántos puntos del IVA y regalan millas para volar gratis. ¿De verdad? ¿No conocen el sistema financiero? ¿Ustedes de verdad creen que los bancos regalan algo porque sí? Y después nos quejamos porque las entidades financieras nos tienen de los testículos.
Es que con la plata de verdad no hay pierde, los billetes son bienvenidos en todos lados, no hay sistema caído ni banda magnética desgastada que lo detenga. Trate usted de sobornar a un policía o de contratar a una prostituta de la calle con tarjeta débito, a ver qué le dicen.
Por eso yo tengo una relación íntima con el efectivo. Escondo en mi casa una caleta con billetes de baja denominación y siempre cargo con efectivo, parezco narco pobre. Y lo hago es de tacaño, para no gastar más de la cuenta. Soy tan amarrado que cuando sé que voy a coger taxi dejo la tarjeta débito en la casa, aunque muchas veces haya oído que si a uno le hacen el paseo millonario y no tiene plata, corre el riesgo de que los delincuentes lo maten. Prefiero que me maten a que me roben, así de tacaño soy.
Aunque peor que yo están los que guardan las nuevas monedas de mil. No se encuentran en la calle aunque el Banco de la República haya sacado a circulación 175 millones de ellas, y no se encuentran es porque la gente las acapara por bonitas y para llenar la alcancía de la casa. Gran contraste: se la dan de cosmopolitas haciendo transacciones con dinero virtual para no ensuciarse las manos, pero llenan un marrano como si aún les dieran mesada para el colegio. Abra los ojos, que si usted tiene más de 30 años y su forma de ahorro es guardar monedas de mil, ya viene siendo hora de preocuparse.
Publicada en la edición de agosto de la revista Enter. www.enter.co
Me parecen desconsideradas las personas que pagan el mercado con la débito porque son unas flojas que no piensan en los demás: en lugar de hacer fila en el cajero para retirar efectivo y luego hacer la fila en el supermercado, hacen solo la segunda y retrasan al resto del mundo. Porque el sistema financiero y los usuarios pueden decir misa, pero pagar con tarjeta complica las cosas en vez de simplificarlas.
Tengo analizada la fila del supermercado al que voy, y las personas que pagan con tarjeta detienen todo. Acá en Colombia la línea suele irse cada tanto, lo que hace que todo se demore. Y así funcione, mientras que pasan la tarjeta, meten la clave, le imprimen el recibo, lo firman, lo devuelven y reciben lo factura pasan millones de años. Por lo general, las que más se toman su tiempo en ese tipo de transacciones son las señoras ricas que cargan más dinero plástico del que pueden gastar y hacen mercado un martes a las 10 de la mañana porque no tienen nada más que hacer en esta vida. Y si no están ellas, nunca falta el que paga una gaseosa y un brownie con la débito, todo un escupitajo a la cara.
En teoría es más seguro y limpio usar dinero plástico, yo digo que son bobadas, como si cargar con unos billetes y un puñado de monedas fuera lo más engorroso del mundo. “El efectivo es sucio porque ha pasado por muchas manos”, suelen decir, como si las transacciones bancarias virtuales estuvieran exentas de porquerías morales, que son peores.
También argumentan que por usar las tarjetas devuelven no se cuántos puntos del IVA y regalan millas para volar gratis. ¿De verdad? ¿No conocen el sistema financiero? ¿Ustedes de verdad creen que los bancos regalan algo porque sí? Y después nos quejamos porque las entidades financieras nos tienen de los testículos.
Es que con la plata de verdad no hay pierde, los billetes son bienvenidos en todos lados, no hay sistema caído ni banda magnética desgastada que lo detenga. Trate usted de sobornar a un policía o de contratar a una prostituta de la calle con tarjeta débito, a ver qué le dicen.
Por eso yo tengo una relación íntima con el efectivo. Escondo en mi casa una caleta con billetes de baja denominación y siempre cargo con efectivo, parezco narco pobre. Y lo hago es de tacaño, para no gastar más de la cuenta. Soy tan amarrado que cuando sé que voy a coger taxi dejo la tarjeta débito en la casa, aunque muchas veces haya oído que si a uno le hacen el paseo millonario y no tiene plata, corre el riesgo de que los delincuentes lo maten. Prefiero que me maten a que me roben, así de tacaño soy.
Aunque peor que yo están los que guardan las nuevas monedas de mil. No se encuentran en la calle aunque el Banco de la República haya sacado a circulación 175 millones de ellas, y no se encuentran es porque la gente las acapara por bonitas y para llenar la alcancía de la casa. Gran contraste: se la dan de cosmopolitas haciendo transacciones con dinero virtual para no ensuciarse las manos, pero llenan un marrano como si aún les dieran mesada para el colegio. Abra los ojos, que si usted tiene más de 30 años y su forma de ahorro es guardar monedas de mil, ya viene siendo hora de preocuparse.
Publicada en la edición de agosto de la revista Enter. www.enter.co
jueves, 21 de agosto de 2014
La clase media
El fin de semana pasado fui a hacer compras para la casa y luego a almorzar y había filas en todo: para parquear en el centro comercial, para almorzar en El Corral, para comprar en la Panamericana. Fue un asco, todo estaba lleno de personas de clase media. Dicen que la clase media sostiene la economía mundial, lo que más o menos quiere decir que el planeta entero está cimentado en la mediocridad, lo que sirve para entender el origen de muchos de los males que nos aquejan. Porque es una plaga la clase media, se debería llamar clase mediocre: gente con la habilidad suficiente para no morirse de hambre, pero llena de limitaciones y miedos para dar un salto de calidad.
La clase media está loca y compra todo a plazos: pasa la tarjeta de crédito para viajar y paga en cuotas mensuales un carro que vale 20 veces su sueldo porque cree que un carro, así sea el de más baja gama, le sube el estrato. Gracias a la clase media el mundo se mueve, pero también por culpa de ella es que hay sobrepoblación y trancones. Un clase media empeñaría a la mamá si fuera necesario con tal de obtener el último computador. Tener iPhone 5 pero montar en bus, eso es ser clase media.
La clase media compra en Zara y similares porque quiere lucir bien pero no tiene la plata para entrar a un Hugo Boss. Su casa está armada con cosas de Tugó y Homecenter, que son hasta bonitas, pero de calidad regular. En general, un clase media está lleno de bienes que parecen finos pero que son todos desechables. La clase media aspira a todo de lo de la clase alta, pero chiviado: carros asiáticos con diseño europeo y viajes a Cartagena, donde se hospeda en las cabañas de la caja de compensación familiar a la que está afiliada. Para hacer un plan así, que incluye hasta recreacionista, es mejor quedarse en la casa y no conocer el mar.
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La clase media está loca y compra todo a plazos: pasa la tarjeta de crédito para viajar y paga en cuotas mensuales un carro que vale 20 veces su sueldo porque cree que un carro, así sea el de más baja gama, le sube el estrato. Gracias a la clase media el mundo se mueve, pero también por culpa de ella es que hay sobrepoblación y trancones. Un clase media empeñaría a la mamá si fuera necesario con tal de obtener el último computador. Tener iPhone 5 pero montar en bus, eso es ser clase media.
La clase media compra en Zara y similares porque quiere lucir bien pero no tiene la plata para entrar a un Hugo Boss. Su casa está armada con cosas de Tugó y Homecenter, que son hasta bonitas, pero de calidad regular. En general, un clase media está lleno de bienes que parecen finos pero que son todos desechables. La clase media aspira a todo de lo de la clase alta, pero chiviado: carros asiáticos con diseño europeo y viajes a Cartagena, donde se hospeda en las cabañas de la caja de compensación familiar a la que está afiliada. Para hacer un plan así, que incluye hasta recreacionista, es mejor quedarse en la casa y no conocer el mar.
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jueves, 14 de agosto de 2014
El primer mercado de mi vida
No espero compasión ni lástima al decir que el fin de semana pasado hice el primer mercado de mi vida. El primero en serio, digo. De niño fui muchas veces con mi madre al supermercado, pero era un mercado ajeno; yo era un parásito que consumía lo que mi papá producía y ella preparaba. Tampoco hablo de las compras de soltero que hice durante los más de quince años que viví solo y que consistían en salchichas, chocolatinas, carne y, en ocasiones, lechuga; todo pensado para ser preparado en no más de diez minutos. Una de las cosas de ser soltero es que comer no es un acto social sino de supervivencia, puro trámite.
Ahora que estoy ensayando para el matrimonio, lo que hice fue un mercado de verdad. Mercado de casa, de familia, de esos de carro lleno que odian encontrarse por delante los solteros cuando llegan a la caja a pagar los pocos insumos que llevan en la canasta.
Me estresó el valor de la compra, siete veces superior a lo que me gastaba cuando vivía solo, pero es que llevamos de todo: cuatro tipos de carne legumbres, frutas, verduras, comida enlatada, para hornear, golosinas y hasta especias. Cuando de especias se trata, un soltero apenas compra sal, y a veces, pimienta.
Hacer mercado de verdad es una cadena, no de gastos, sino de consumo, donde uno adquiere más de lo que puede comer. Ahora tengo la nevera llena por primera vez en mi vida, y la despensa también. Estoy tan desacostumbrado a la abundancia que el otro día no salí de la casa y pasé hambre porque no se me ocurrió ver que el congelador estaba repleto y que en la despensa había todo tipo de granos y enlatados. Es que antes en mi nevera había solo hielo (y eso).
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Ahora que estoy ensayando para el matrimonio, lo que hice fue un mercado de verdad. Mercado de casa, de familia, de esos de carro lleno que odian encontrarse por delante los solteros cuando llegan a la caja a pagar los pocos insumos que llevan en la canasta.
Me estresó el valor de la compra, siete veces superior a lo que me gastaba cuando vivía solo, pero es que llevamos de todo: cuatro tipos de carne legumbres, frutas, verduras, comida enlatada, para hornear, golosinas y hasta especias. Cuando de especias se trata, un soltero apenas compra sal, y a veces, pimienta.
Hacer mercado de verdad es una cadena, no de gastos, sino de consumo, donde uno adquiere más de lo que puede comer. Ahora tengo la nevera llena por primera vez en mi vida, y la despensa también. Estoy tan desacostumbrado a la abundancia que el otro día no salí de la casa y pasé hambre porque no se me ocurrió ver que el congelador estaba repleto y que en la despensa había todo tipo de granos y enlatados. Es que antes en mi nevera había solo hielo (y eso).
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lunes, 28 de julio de 2014
¿Ustedes me quieren?
Un amigo de Facebook que ni siquiera es amigo, de esos que ve uno en la calle y no reconoce y con el que nunca se ha interactuado ni para el saludo, me escribe por el chat. Dice hola y luego me manda un link para que le dé like a la foto a ver si se gana un concurso. Yo no entiendo a esa gente que no habla nunca y cuando da la cara es para pedir un like, es peor que la que solo aparece para pedir plata prestada.
Culpa del sistema, que es imperfecto. Las redes sociales están llenas de concursos que los ganan los que obtienen más likes o retuits. Cuando eso pasa, los participantes se ponen a mover la maquinaria para ganar así no sean los mejores, justo como los políticos en época de elecciones. Y lo peor es que toca darles me gusta a unas cosas horrendas que a uno ni le agradan, y luego esos likes quedan en el timeline para que todo el mundo lo vea: “A nosequiencito le gusta la foto de fulanito”.
Es un infierno eso de buscar ser aceptado en el mundo digital. Yo me mato por el like y el retuit cada vez que escribo un artículo. En parte porque necesito subirme el ego como sea, en parte porque así es como miden los medios a los periodistas que contratan para que les produzcan contenidos.
Cada vez que comparto una de mis columnas en redes sociales empiezo el conteo. Sueño con llenarme de likes, favs, retuits y comentarios de manera inmediata, y la verdad es que me ocurre con frecuencia. Cuando no, se me viene el mundo al piso. ¿Usted me quiere joder? No le dé like a un artículo mío. Estoy como esas mujeres que montan una foto a Facebook para que las llenen de me gusta y comentarios morbosos, y ni así se les sube la autoestima.
Me calibro y me calibran por los likes así el artículo sea una porquería, porque en el periodismo de internet la calidad se ha vuelto plato de segunda mano. O más bien, popularidad y calidad no van necesariamente de la mano. Es desmoralizante ver que la red está repleta de reportajes y artículos impopulares y de pendejadas adoradas por millones. Además que es una incógnita, nunca se sabe qué de lo que publique va a ser un hit y qué, una porquería en términos de rating.
Hay medios en los que me han sugerido la forma en que debo escribir para atraer más lectores y me han revelado incluso la cifra mínima necesaria para que mis publicaciones sean consideradas exitosas. ¿Cómo no vivir sugestionado así? Por eso es que me la paso metido a las redes sociales a ver el estado de mis publicaciones y entro a Klout para ver lo influyente que en teoría me he vuelto. Klout es el banco de los pobres, cuando alguien entra y el índice ha subido, se pone feliz. Así deben sentir los ricos cuando la cuenta corriente engorda un puñado de millones de un día para otro.
Hace unos meses leí un artículo que aseguraba que un like valía 1741 dólares. Supongo que será para las empresas, porque yo de ese dinero no he visto un centavo. Por estos días no escribo para buscarme en mis entrañas, ni para contar el mundo, ni para encontrar la paz mental tan necesaria, sino para que me den likes y así me sigan contratando. Pasé de probarme que soy bueno a demostrarles a otros que soy rentable, qué porquería.
Publicada en la edición de julio de la revista Enter. www.enter.co
Culpa del sistema, que es imperfecto. Las redes sociales están llenas de concursos que los ganan los que obtienen más likes o retuits. Cuando eso pasa, los participantes se ponen a mover la maquinaria para ganar así no sean los mejores, justo como los políticos en época de elecciones. Y lo peor es que toca darles me gusta a unas cosas horrendas que a uno ni le agradan, y luego esos likes quedan en el timeline para que todo el mundo lo vea: “A nosequiencito le gusta la foto de fulanito”.
Es un infierno eso de buscar ser aceptado en el mundo digital. Yo me mato por el like y el retuit cada vez que escribo un artículo. En parte porque necesito subirme el ego como sea, en parte porque así es como miden los medios a los periodistas que contratan para que les produzcan contenidos.
Cada vez que comparto una de mis columnas en redes sociales empiezo el conteo. Sueño con llenarme de likes, favs, retuits y comentarios de manera inmediata, y la verdad es que me ocurre con frecuencia. Cuando no, se me viene el mundo al piso. ¿Usted me quiere joder? No le dé like a un artículo mío. Estoy como esas mujeres que montan una foto a Facebook para que las llenen de me gusta y comentarios morbosos, y ni así se les sube la autoestima.
Me calibro y me calibran por los likes así el artículo sea una porquería, porque en el periodismo de internet la calidad se ha vuelto plato de segunda mano. O más bien, popularidad y calidad no van necesariamente de la mano. Es desmoralizante ver que la red está repleta de reportajes y artículos impopulares y de pendejadas adoradas por millones. Además que es una incógnita, nunca se sabe qué de lo que publique va a ser un hit y qué, una porquería en términos de rating.
Hay medios en los que me han sugerido la forma en que debo escribir para atraer más lectores y me han revelado incluso la cifra mínima necesaria para que mis publicaciones sean consideradas exitosas. ¿Cómo no vivir sugestionado así? Por eso es que me la paso metido a las redes sociales a ver el estado de mis publicaciones y entro a Klout para ver lo influyente que en teoría me he vuelto. Klout es el banco de los pobres, cuando alguien entra y el índice ha subido, se pone feliz. Así deben sentir los ricos cuando la cuenta corriente engorda un puñado de millones de un día para otro.
Hace unos meses leí un artículo que aseguraba que un like valía 1741 dólares. Supongo que será para las empresas, porque yo de ese dinero no he visto un centavo. Por estos días no escribo para buscarme en mis entrañas, ni para contar el mundo, ni para encontrar la paz mental tan necesaria, sino para que me den likes y así me sigan contratando. Pasé de probarme que soy bueno a demostrarles a otros que soy rentable, qué porquería.
Publicada en la edición de julio de la revista Enter. www.enter.co
lunes, 21 de julio de 2014
19 razones para no leer una columna de opinión
El título es una mentira. Ni voy a dar 19 razones ni les voy a decir que no lean una columna de opinión. El nombre del artículo lo puse de gancho para que entraran, porque eso es lo que está mandando la parada en internet.
Nos gustan las listas, siempre lo supimos; lo que nunca sospechamos es que estos se fueran a tomar las redes y que un método tan sencillo fuera a tener buenos resultados. Hoy los medios digitales están llenos de listados para todo, y ahora son con números no redondos. Entre mas raros (63, 11, 23), más rápido entra la gente porque ya no la sorprenden los listados con 5, 10 ó 20 numerales.
Le pregunté por el fenómeno a un amigo que trabaja en una página de internet y me dijo que lo hacían por los clicks, las páginas vistas y los visitantes únicos, que son las estadísticas que mandan la parada a la hora de vender pauta publicitaria, que es lo que permite que los medios digitales sobrevivan.
Pues a esto hemos llegado por la plata, a hacer listados a la loca. Yo los veía todos hasta que descubrí la trampa. Al primero que entré se llamaba ’10 razones por las que en 2013 dejarás tu trabajo’. Se me hizo novedosísimo y además me venía como anillo al dedo porque estaba cansado de ser empleado. Luego vinieron en fila recuentos tipo ’11 motivos para dormir con tu bebé’, ’22 lugares que no vas a creer que realmente existen’, ’29 sentimientos que son mejores que el sexo’ y ‘Las 31 piscinas más exóticas del mundo’.Todos, rankings con poco o ningún tipo de interés.
Pero el peor es uno que dizque fue “furor en las redes sociales” (ahora, hasta un moco pegado en la pared causa furor en redes sociales) que se llamaba ‘Razones por las que enamorarse de una mujer periodista es maravilloso’. Kilos de mierda, uno encima de otro, tenía ese artículo.
Para empezar, las periodistas no son maravillosas, son una jartera. Las que son hembras son también unas tapias, ex reinas que pasan de los desfiles a presentar farándula o a hacer relaciones públicas. También están las que se meten a publicidad, gremio al que no le cabe un idiota más. Por último están las periodistas que escriben, que además de feas son unas mamertas que se creen la verga porque saben juntar tres palabras. Eso, y encima son superinteligentes, supercríticas y no pierden una discusión porque todo lo analizan y todo lo saben.
Pero volviendo a los medios, también han cogido la maña de presentar las noticias incompletas para que uno entre a verlas. Ejemplos: ‘María Luisa Piraquive, la polémica pastora del MIRA, protagoniza un nuevo escándalo. Aquí los detalles’; o ‘Uno de los técnicos de los equipos bogotanos renunció hoy a su cargo. Conoce de quien se trata’.
También se pasan de abusivos al titular piezas tipo ‘20 chistes que solo los intelectuales entienden’ para que la mitad mire a ver si los entiende, o ‘35 cortes de pelo chistosos’; luego subtitulan "El 17 esta de no creer" para que uno entre y busque ansioso el 17, solo para descubrir que es una huevonada.
Cada vez que veo una noticia así, me muero de curiosidad por saber cuál fue el técnico que renunció, descubrir qué tan intelectual soy, o ver el peinado 17. Pero no cedo. No les voy a regalar mi click, por manipuladores.
En el caso de esta columna, muchos van a entrar a leerla por el nombre y la van a abandonar al primer párrafo porque no cumple con lo prometido en el título. Luego se irán en busca de 14 razones para casarse después de los 30 años, o de las 36 formas de hacer sonreír a una mujer. Para entonces será muy tarde porque ya me habrán dado su click, que era lo que necesitaba. Cayeron, zoquetes.
Publicada en la edición de junio de la revista Enter. www.enter.co
Nos gustan las listas, siempre lo supimos; lo que nunca sospechamos es que estos se fueran a tomar las redes y que un método tan sencillo fuera a tener buenos resultados. Hoy los medios digitales están llenos de listados para todo, y ahora son con números no redondos. Entre mas raros (63, 11, 23), más rápido entra la gente porque ya no la sorprenden los listados con 5, 10 ó 20 numerales.
Le pregunté por el fenómeno a un amigo que trabaja en una página de internet y me dijo que lo hacían por los clicks, las páginas vistas y los visitantes únicos, que son las estadísticas que mandan la parada a la hora de vender pauta publicitaria, que es lo que permite que los medios digitales sobrevivan.
Pues a esto hemos llegado por la plata, a hacer listados a la loca. Yo los veía todos hasta que descubrí la trampa. Al primero que entré se llamaba ’10 razones por las que en 2013 dejarás tu trabajo’. Se me hizo novedosísimo y además me venía como anillo al dedo porque estaba cansado de ser empleado. Luego vinieron en fila recuentos tipo ’11 motivos para dormir con tu bebé’, ’22 lugares que no vas a creer que realmente existen’, ’29 sentimientos que son mejores que el sexo’ y ‘Las 31 piscinas más exóticas del mundo’.Todos, rankings con poco o ningún tipo de interés.
Pero el peor es uno que dizque fue “furor en las redes sociales” (ahora, hasta un moco pegado en la pared causa furor en redes sociales) que se llamaba ‘Razones por las que enamorarse de una mujer periodista es maravilloso’. Kilos de mierda, uno encima de otro, tenía ese artículo.
Para empezar, las periodistas no son maravillosas, son una jartera. Las que son hembras son también unas tapias, ex reinas que pasan de los desfiles a presentar farándula o a hacer relaciones públicas. También están las que se meten a publicidad, gremio al que no le cabe un idiota más. Por último están las periodistas que escriben, que además de feas son unas mamertas que se creen la verga porque saben juntar tres palabras. Eso, y encima son superinteligentes, supercríticas y no pierden una discusión porque todo lo analizan y todo lo saben.
Pero volviendo a los medios, también han cogido la maña de presentar las noticias incompletas para que uno entre a verlas. Ejemplos: ‘María Luisa Piraquive, la polémica pastora del MIRA, protagoniza un nuevo escándalo. Aquí los detalles’; o ‘Uno de los técnicos de los equipos bogotanos renunció hoy a su cargo. Conoce de quien se trata’.
También se pasan de abusivos al titular piezas tipo ‘20 chistes que solo los intelectuales entienden’ para que la mitad mire a ver si los entiende, o ‘35 cortes de pelo chistosos’; luego subtitulan "El 17 esta de no creer" para que uno entre y busque ansioso el 17, solo para descubrir que es una huevonada.
Cada vez que veo una noticia así, me muero de curiosidad por saber cuál fue el técnico que renunció, descubrir qué tan intelectual soy, o ver el peinado 17. Pero no cedo. No les voy a regalar mi click, por manipuladores.
En el caso de esta columna, muchos van a entrar a leerla por el nombre y la van a abandonar al primer párrafo porque no cumple con lo prometido en el título. Luego se irán en busca de 14 razones para casarse después de los 30 años, o de las 36 formas de hacer sonreír a una mujer. Para entonces será muy tarde porque ya me habrán dado su click, que era lo que necesitaba. Cayeron, zoquetes.
Publicada en la edición de junio de la revista Enter. www.enter.co
lunes, 14 de julio de 2014
Los adoradores de MisterChip
Me aburrí de MisterChip, el tipo de Twitter que da estadísticas todo el tiempo. Empecé a seguirlo en el mundial de 2010 porque era novedad y tiraba cada dato que lo dejaba a uno descrestado, pero le di unfollow antes de que empezara este de Brasil porque descubrí que no decía nada relevante. Mister Chip fue la sensación en Sudáfrica y su nombre se fue esparciendo entre periodistas, deportistas y aficionados al fútbol. De hecho, sus datos empezaron a ser usados en las transmisiones de los partidos, costumbre que se extendió, una vez finalizado el torneo, a más competiciones y a otros deportes.
Y está bien, tiene su gracia. Al español Alexis Martín Tamayo (así se llama) se le abona su dedicación y su profesionalismo. En entrevistas ha confesado que empezó a juntar datos a los 8 años a manera de pasatiempo porque sentía que a las transmisiones de fútbol les faltaba algo, y la verdad es que a sus 41 años puede decir que ha dedicado su vida a ello. Y está bien, pocas personas han sido capaces de convertir su obsesión en un estilo de vida y una forma de sustento.
Pero una cosa son su esfuerzo, seriedad y exactitud, y otra su inutilidad. Uno lee bien, y salvo uno que otro dato relevante esparcido por ahí, MisterChip no dice nada importante. Más de 70 mil tuits redactados a lo largo de cinco años, casi todos llenos de datos que no importan. Basta con meterse a su timeline para leer cosas como que Schurrle es el primer jugador del Chelsea que hace un pase gol en la final de un mundial, o que hasta la final contra Alemania, Argentina nunca había perdido un partido usando el uniforme azul. ¿En serio? ¿De verdad importa eso?
Lea la entrada completa aquí
Y está bien, tiene su gracia. Al español Alexis Martín Tamayo (así se llama) se le abona su dedicación y su profesionalismo. En entrevistas ha confesado que empezó a juntar datos a los 8 años a manera de pasatiempo porque sentía que a las transmisiones de fútbol les faltaba algo, y la verdad es que a sus 41 años puede decir que ha dedicado su vida a ello. Y está bien, pocas personas han sido capaces de convertir su obsesión en un estilo de vida y una forma de sustento.
Pero una cosa son su esfuerzo, seriedad y exactitud, y otra su inutilidad. Uno lee bien, y salvo uno que otro dato relevante esparcido por ahí, MisterChip no dice nada importante. Más de 70 mil tuits redactados a lo largo de cinco años, casi todos llenos de datos que no importan. Basta con meterse a su timeline para leer cosas como que Schurrle es el primer jugador del Chelsea que hace un pase gol en la final de un mundial, o que hasta la final contra Alemania, Argentina nunca había perdido un partido usando el uniforme azul. ¿En serio? ¿De verdad importa eso?
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jueves, 10 de julio de 2014
Corre, que ahí viene Bora
En el diccionario ilustrado del fútbol, junto a la palabra ‘Leyenda’ sale una foto de Velibor Milutinovic, que es el señor canoso, de gafas, saco lila y bufanda gris que ve usted rodeado de gente. El Serbio nació hace 69 años en la antigua Yugoslavia y el mundo lo conoce por haber dirigido a cinco selecciones diferentes durante cinco mundiales consecutivos. Con México en el 86, Costa Rica en el 90, Estados Unidos en 94 y Nigeria en el 98 superó al menos la primera fase. Luego con China en el 2002 se quedó en la ronda de grupos, pero en aquel país es recordado por haber logrado la hazaña de clasificarlos a un mundial, cosa que no habían logrado antes y que no han vuelto a conseguir desde entonces.
Anda en el mundial Milutinovic, porque el mundial es lo suyo. Es tan conocido y tan querido que el mundo entero le llama ‘Bora’. Uno le dice “Bora” para llamarlo y el tipo voltea de inmediato, siempre con una sonrisa. A donde llega es rodeado de hinchas, periodistas y colegas, y él los atiende a todos. El otro día estuvo hora y media en la sala de prensa del Maracaná sin poder pasar de la puerta porque se le fueron encima nigerianos, chinos, indios, paquistaníes, españoles, latinos, dos tipos de la FIFA, todos a saludarlo, y él los atendió a todos sin perder la compostura.
Es tan amable Bora que yo me le acerqué a decirle en tono de chiste que no lo dejaban entrar y él me respondió que no había problema. Incluso me dio la mano sin yo extendérsela. Luego pensé que con razón ha dirigido a tantos equipos, si no le dice que no a nadie. De hecho, luego de China estuvo al frente de Honduras, Jamaica e Irak, y hoy trabaja como embajador del mundial de Qatar 2022. Milutinovic encarna en su ser la ONU del fútbol, raro que no haya pasado por Colombia.
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Anda en el mundial Milutinovic, porque el mundial es lo suyo. Es tan conocido y tan querido que el mundo entero le llama ‘Bora’. Uno le dice “Bora” para llamarlo y el tipo voltea de inmediato, siempre con una sonrisa. A donde llega es rodeado de hinchas, periodistas y colegas, y él los atiende a todos. El otro día estuvo hora y media en la sala de prensa del Maracaná sin poder pasar de la puerta porque se le fueron encima nigerianos, chinos, indios, paquistaníes, españoles, latinos, dos tipos de la FIFA, todos a saludarlo, y él los atendió a todos sin perder la compostura.
Es tan amable Bora que yo me le acerqué a decirle en tono de chiste que no lo dejaban entrar y él me respondió que no había problema. Incluso me dio la mano sin yo extendérsela. Luego pensé que con razón ha dirigido a tantos equipos, si no le dice que no a nadie. De hecho, luego de China estuvo al frente de Honduras, Jamaica e Irak, y hoy trabaja como embajador del mundial de Qatar 2022. Milutinovic encarna en su ser la ONU del fútbol, raro que no haya pasado por Colombia.
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lunes, 7 de julio de 2014
Un árbitro y dos mentiras
Yo no sé si el árbitro del Brasil – Colombia estaba comprado, lo que sí sé es que el equipo de Pekerman no perdió por culpa de él. Durante el partido, y después también, hubo avalancha de comentarios contra el español Carlos Velasco por su desempeño, casi todos acusándolo de la eliminación de Colombia en cuartos de final.
Para empezar, el fútbol es una actividad corrupta y se sabe, así como también se sabe que a Brasil lo iban a meter a semifinales como fuera, así que no hay por qué sorprenderse. Indignarse, de golpe, pero cero sorpresas. Y está lo otro, y es que Velasco pitó mal para ambos lados. Si perjudicó a Colombia, lo hizo tan bien, o tan mal, que ni se notó.
Si Brasil compró al árbitro, le pegaron una tumbada de antología: le pitaron un penalti en contra, le sacaron amarilla a su capitán (que por esa tarjeta no podrá estar en la semifinal contra Alemania), y al tipo que sacó de la copa a su principal figura no le pusieron ni amarilla. En el primer tiempo, antes de la entrada a Neymar, Zúñiga le dio una patada en la rodilla a Hulk por la que tampoco fue amonestado. De haber estado ladeado Velasco, Colombia habría terminado el partido con diez jugadores.
Y no creo que la intención de Zúñiga fuera lesionar a Neymar como lo hizo, pero tampoco fue un accidente ni un choque fortuito. Uno no le entra de espaldas a alguien con la rodilla arriba porque sí.
Pero bueno, el punto es que estamos acostumbrados a culpar a los demás de nuestras desgracias. Las cosas malas que nos ocurren son siempre por terceros, nunca por nosotros, pobres víctimas. Por eso es más fácil decir que Colombia no está en semifinales por el árbitro y no porque fue inferior al compromiso. Porque eso fue, Colombia no se creyó el cuento de que estaba ante la oportunidad histórica de eliminar en su casa al pentacampeón del mundo. Tocados en su orgullo después del susto contra Chile, los brasileños entraron a arrollar y se encontraron con un gol rápido que fue todo culpa de Colombia: en el primer palo había cuatro colombianos marcando a dos brasileños, Ospina dejó pasear el balón en el área chica y, en el segundo poste, Thiago Silva le madrugó a Sánchez.
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Para empezar, el fútbol es una actividad corrupta y se sabe, así como también se sabe que a Brasil lo iban a meter a semifinales como fuera, así que no hay por qué sorprenderse. Indignarse, de golpe, pero cero sorpresas. Y está lo otro, y es que Velasco pitó mal para ambos lados. Si perjudicó a Colombia, lo hizo tan bien, o tan mal, que ni se notó.
Si Brasil compró al árbitro, le pegaron una tumbada de antología: le pitaron un penalti en contra, le sacaron amarilla a su capitán (que por esa tarjeta no podrá estar en la semifinal contra Alemania), y al tipo que sacó de la copa a su principal figura no le pusieron ni amarilla. En el primer tiempo, antes de la entrada a Neymar, Zúñiga le dio una patada en la rodilla a Hulk por la que tampoco fue amonestado. De haber estado ladeado Velasco, Colombia habría terminado el partido con diez jugadores.
Y no creo que la intención de Zúñiga fuera lesionar a Neymar como lo hizo, pero tampoco fue un accidente ni un choque fortuito. Uno no le entra de espaldas a alguien con la rodilla arriba porque sí.
Pero bueno, el punto es que estamos acostumbrados a culpar a los demás de nuestras desgracias. Las cosas malas que nos ocurren son siempre por terceros, nunca por nosotros, pobres víctimas. Por eso es más fácil decir que Colombia no está en semifinales por el árbitro y no porque fue inferior al compromiso. Porque eso fue, Colombia no se creyó el cuento de que estaba ante la oportunidad histórica de eliminar en su casa al pentacampeón del mundo. Tocados en su orgullo después del susto contra Chile, los brasileños entraron a arrollar y se encontraron con un gol rápido que fue todo culpa de Colombia: en el primer palo había cuatro colombianos marcando a dos brasileños, Ospina dejó pasear el balón en el área chica y, en el segundo poste, Thiago Silva le madrugó a Sánchez.
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